Soy un biólogo de corazón y de profesión, un apasionado de la naturaleza y de la ciencia que, desde niño, encontró en la narración su forma de entender el mundo; una forma de sublimación.
A los seis años, en 1993, con dibujos y sin palabras, creé mi primera obra: “Naturaleza Vengativa”. En ella, los seres del planeta se aliaban contra su mayor enemigo: la humanidad. Sin duda nunca fui un niño muy normal, lo sé. Ya para entonces planteaba mi primera distopía y mi primera crítica a nosotros: «Si el mundo no es nuestro, no será de nadie». Pero esta, no sería la última.
A los diez años narré por primera vez con palabras: “Lluvia de Meteoros” (1998). Cuatro años después, entre 2001 y 2010, escribí mi novela más extensa y ambiciosa: “New Era”, una saga de ciencia ficción bélica interestelar.
Y pronto llegaron más historias:
1. El Túnel: puerta a otra dimensión (2002) — un cuento de ciencia ficción, ficción filosófica y apocalíptica.
2. Tormenta de Pasión (2002) — un relato erótico subido de tono.
3. The Mystery (2002-2003) — un drama adolescente sobrenatural con toques de terror.
4. Santuario (2017) — un libro de ciencia ficción y exploración espacial que no he terminado.
5. Ateología & Ciencia (2019) — mi blog de divulgación científica y filosófica.
Sin embargo, “Ciaevol: el virus letal” fue la obra que me abrió las puertas a la publicación. Antes de ella, solo Tormenta de Pasión había sido leída por alguien más allá de mis padres.
Ciaevol es una novela de ciencia ficción distópica y apocalíptica, con fuertes elementos de terror biológico. La terminé en 2016 y la publiqué en marzo de 2019. Y todo nació de dos preguntas que me obsesionaban:
¿Qué elementos serían necesarios para que una pandemia destruyera realmente la civilización humana actual?
¿Estaríamos preparados para un evento similar al de 1918?
Me basé en mi experiencia como analista durante la gripe porcina de 2009, en mi fascinación infantil por el ébola (alimentada por la película “Epidemia” de 1995) y en los brotes reales ocurridos en África Occidental en 2014. Así, en aquel remoto 2010, decidí que el momento perfecto para una pandemia devastadora sería cerca de Navidad y Año Nuevo: la primera fecha por reunir a las familias, la segunda para reunir a los amigos y disparar los viajes internacionales. Así que propuse el año 2020 para mi pandemia ficticia (una cifra redonda, bisiesta y, todavía lejana pero no demasiado). No obstante, para evitar anacronismos evidentes, narré los días sin mencionar el año en mi novela, (salvo que el lector curioso investigara las fechas exactas).
Jamás imaginé que esas preguntas tendrían respuesta en la realidad en 2020, pero no en una novela, sino con el coronavirus. No soy profeta ni visionario; solo extrapolé lo que la ciencia ya sabía y lo que muchos expertos esperaban que ocurriera algún día. La coincidencia fue tan precisa que terminó arruinando la promoción del libro: «¿Quién en su sano juicio quiere leer sobre pandemias mientras la está viviendo?».
Después de Ciaevol, dejé de escribir ficción durante años. Me centré en el blog, hasta que el poco interés y el agotamiento creativo me llevaron a un burnout. Permanecí en silencio hasta octubre de 2024, cuando mi mente inquieta empezó a formularse nuevas preguntas:
¿Es posible amar a dos personas a la vez sin dañar en el proceso? ¿Puede una persona convertirse literalmente en el todo de otra?
De esas divagaciones y anotaciones personales nació, en enero de 2025, “Deseo: un amor que desafía toda norma”. Al principio pensé que era un giro de 180° respecto a mis géneros habituales (ciencia ficción, ficción filosófica y terror); por estar incursionando en el romance y el drama. Pero no pude dejar de ser yo.
Esta novela nació como una necesidad, y una terapia real que me ayudó a comprenderme, a entender el amor, el apego, la codependencia y la idealización, tanto a nivel individual como social. Y me sacó de un periodo depresivo; fue una verdadera sublimación.
Lamentablemente, no había entendido qué había escrito. Hasta febrero de 2026 (aunque la obra se publicó en octubre de 2025), fui entendiendo lo que realmente creé. Sabía bien que no era un romance ligero ni un libro erótico como Tormenta de Pasión. Era algo más difícil de etiquetar, pero, ¿qué era?
¿Es de romance? Sí, sin duda lo es. Pero no el que esperan los lectores habituales del género. Se trata de una ficción transgresiva, con una crítica profunda a las normas y a la sociedad; más cercana a mis obras antiguas que al romance convencional. Es un libro experimental y de nicho que mezcla: romance prohibido, drama psicológico familiar, ficción transgresiva y ficción autobiográfica, que adopta la forma de un diario-novela- entrevista-poema, con incursiones en el ensayo filosófico. Es una obra compleja pese a su aparente sencillez, diseñada para incomodar con ternura. No habla de «romance»: habla del amor en todas sus formas. Y responde, de una forma que a muchos puede incomodar a la médula; ¿qué es el amor?
Realmente, ninguna de mis obras, incluso aquella que hice a los seis años, es una novela tierna; todas están hechas para cuestionar a la humanidad, llevarnos a terrenos incómodos y que sientas con los personajes algo: dolor, miedo, repulsión, desasosiego existencial o moral. Algunas con la visión de un niño de seis años o de un hombre en su mediana edad; es una visión de un escritor complejo, que algo te va a hacer cuestionarte.
Y esto es notorio al conocer mis influencias literarias: Anne Frank, David Quammen, Stephen King, Cormac McCarthy, Isaac Asimov, H. P. Lovecraft, Frank Schätzing, George Turner, J. G. Ballard, George Orwell, Robin Cook, Soomatana, Richard Dawkins, Stephen Jay Gould, Carl Sagan, James Gleick, Ramón Nogueras, entre muchos otros. La mayoría, autores de ciencia ficción, terror y divulgación científica.
A pesar de esto, mi enfoque está más marcado por mi carrera como biólogo que por una formación puramente literaria. La biología es el lente a través del cual observó la fragilidad humana, los sistemas complejos, la evolución del comportamiento y las catástrofes inevitables de la naturaleza. Eso impregna todo lo que escribo, desde las pandemias virales hasta las dinámicas del amor y el apego.
Y se preguntarán: ¿qué es lo que sigue? En este momento, tengo muchas ideas en la cabeza. Por ejemplo, Clarence, que sería una secuela directa de “Ciaevol: el virus letal”, explorando las consecuencias post-catástrofe biológica. Pero mi mayor apuesta actual es reescribir y adaptar a una versión adulta y novelesca mi viejo cuento: “El Túnel: puerta a otra dimensión”. Curiosamente, este relato ya aparece de forma parcial en Deseo, narrado por Joris, lo que crea un puente interesante entre mis mundos ficticios.
Además, tengo como metas claras: rescribir y publicar por fin “New Era” y concluir “Santuario”. Al final, todas mis obras están relacionadas de una u otra manera: forman un universo interconectado de ideas, temas y preguntas frecuentes; usando dos protagonistas que irán conociendo si leen mis obras, aunque a veces cambian de nombre.
También debo añadir que todas mis novelas son circulares: terminan como empiezan, pero bajo un nuevo significado. Es una estructura que me sale de forma natural, quizás porque, como biólogo, veo el mundo en ciclos: nacimiento, crecimiento, colapso, renacimiento; evolución, extinción, adaptación. Nada es lineal del todo; todo regresa transformado, evoluciona.
Solo espero, tener tiempo para concluir todos mis proyectos, y si fuera posible, agregar otros más. Eso solo el tiempo lo dirá.